- Vínculo indisoluble entre transición y seguridad energética. Toda política de transición debe incorporar, desde su diseño y no como consecuencia esperada, indicadores verificables de seguridad de suministro. Condicionar la electrificación a la firmeza del sistema no es una limitación a la transición: es la condición que la hace sostenible.
- Aceleración urgente de los proyectos de generación y transmisión. Los proyectos ya aprobados y en desarrollo deben cumplir sus cronogramas y acelerar su entrada en operación. El país no puede seguir acumulando metas de electrificación sobre una base de infraestructura que no avanza al ritmo que esas metas exigen. Exhortamos al Gobierno a remover los cuellos de botella administrativos, de permisos y de licenciamiento que hoy retrasan la puesta en servicio de estos proyectos.
- Coordinación interinstitucional más eficaz. La dispersión de responsabilidades entre el Ministerio de Minas y Energía, la CREG, la UPME, las autoridades ambientales y los entes territoriales sigue generando fricciones que retrasan decisiones críticas. El país necesita mecanismos de coordinación con autoridad real para destrabar proyectos y armonizar la regulación con la planeación.
- Un nuevo modelo de prestación del servicio en la región Caribe. La crisis de confiabilidad y de gestión comercial en esta región no se resuelve con intervenciones temporales. Es momento de estructurar, con participación del sector privado y las autoridades competentes, un modelo de prestación distinto y sostenible en el tiempo.
- Planes y programas concretos para acelerar la digitalización, la descentralización y la descarbonización. Estos tres procesos deben dejar de tratarse como aspiraciones de largo plazo y convertirse en hojas de ruta con metas, plazos y responsables institucionales definidos, con especial atención a la modernización de la infraestructura de medición y de distribución que las hace posibles.
- Recuperar la confianza de los inversionistas como prioridad transversal. Por encima de cualquier meta individual, el Gobierno Nacional debe enviar señales regulatorias estables, predecibles y sostenidas en el tiempo. Sin esa confianza, ninguna de las prioridades anteriores —ni la aceleración de proyectos, ni la transformación del Caribe, ni la digitalización del sistema— será financiable ni realizable.
El sector energético colombiano reafirma su disposición a trabajar de la mano del Gobierno Nacional para convertir estas prioridades en resultados concretos, en beneficio de la confiabilidad, la competitividad y la sostenibilidad del sistema energético del país.
